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Voces entre teclas: no soy yo, eres tú

Querida Empresa,

Lamento tener que decirte que lo nuestro ya no es como antes. Puede que tú también te hayas dado cuenta. No puedo evitarlo: ahora vivo pegada a una pantalla. Cada día hablo con un montón de personas, aunque hablar, a estas alturas, sea poco más que un entrañable eufemismo de cualquier otro tipo de comunicación. “Hablo” diariamente con amigos por Whatsapp, con clientes y compañeros de trabajo por email, con multitud de desconocidos por Twitter. Pero contigo, querida Empresa, hablo poco, mal y a destiempo.

Ambos sabemos que la comunicación nunca ha sido nuestro fuerte, pero la tecnología avanza, y ahora tenemos mil formas de comunicarnos que antes ni soñábamos. Ahora, que podríamos tener una relación cercana, que podrías saber de primera mano lo que necesito y quiero de ti, siento que te has quedado atrás.

Supongo que sigues queriendo que esté contigo, que te haga avanzar, ser algo grande. Supongo que quieres hacerme feliz, que no deseas que me vaya. Porque eso es, al fin y al cabo, lo que queréis las empresas, ¿no? Clientes contentos, fieles, que hablen bien de vosotros.

Quiero hablar bien de ti, pero necesito que seas como yo. Internet es mi medio natural: es espontáneo, rápido, directo, informal. Si me tratas con frialdad, estarás distanciándote. Si tus empleados se dirigen a mí con un argumentario, me daré cuenta. Paradójicamente, a los que estamos todo el día entre máquinas nos gusta sentir el calor humano al tratar con las personas.

Cuando quiero hablar contigo, necesito que me escuches, y que lo hagas ahora: no me gusta esperar. En cinco minutos, sin moverme del sofá, puedo reservar un billete de avión, enviar una tesis doctoral, pedir cita con el médico o comprar un disco. Así que, ¿por qué tienes que tenerme un cuarto de hora colgando del teléfono o del chat, o responder mi mail con un mensaje prediseñado? Siento que no me valoras, que no soy lo suficientemente importante para ti; siento que mientras me atiendes vas a estar haciendo mil cosas más a la vez.

Y si por fin he conseguido tu atención, necesito que intentes resolver mis problemas. No me sirve que me des largas, o que me rebotes de un departamento a otro: me las sé todas. Sé buscar lo que quiero, y tengo costumbre de conseguirlo sin tener que esperar. Si me intereso por ti, lo menos que espero es que tú muestres el mismo interés, y si tengo un problema puede que seas mi último recurso. De cualquier forma, el tiempo, para mí, es clave. Si no me ayudas, sintiéndolo mucho, tendré que irme. No intentes convencerme con banners, popups ni anuncios de TV: mi cerebro 2.0 es perfectamente capaz de ignorar tu publicidad. Si me voy, seguramente me pierdas para siempre.

No lo tomes a mal; quiero que sigamos juntos. Solo tienes que intentar, querida Empresa, poner un poco de tu parte. Lo único que te pido es que seas cercana, que me hagas caso, que me ayudes cuando lo necesito: en definitiva, que estés a mi lado, como si no existiera internet.

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