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Transformación digital en 4 claves: Atrévete con la pastilla roja

¿Recordáis The Matrix, esa excelente película de los hermanos Wachowski? En ella, Thomas A. Anderson era un programador cualquiera de una empresa cualquiera que por la noche hacía de Hacker con el seudónimo de Neo tratando de buscar un sentido a su anodina vida.

Neo comienza una búsqueda intensa por el submundo digital de otro Hacker llamado Morfeo, tras varios intentos y poniendo en riesgo su acomodada posición, finalmente consigue tener una reunión para conocerle.

En ese encuentro, se produce una escena mítica del cine de ciencia ficción, donde Morfeo ofrece a Neo 2 píldoras, una roja y otra azul. Morfeo le indica que si toma la pastilla azul volverá a su vida anterior y olvidará todo, pero también le ofrece una píldora roja y le advierte que si la toma, conocerá la realidad que anda buscando y que tanto le intriga, para lo cual tendrá que renunciar por completo a todo de vida actual.

Esta misma decisión es la que deben afrontar muchos directivos y profesionales dentro de las empresas, deben tomar la pastilla roja, abandonar posiciones cómodas de gestión en idílicos mundos que se mantienen cuasi artificialmente gracias a posiciones de fuerza de la economía tradicional, pero que la nueva economía digital está derribando inexorablemente día a día.

Matrix-Pills

Las empresas no son ni analógicas ni digitales, ni deben transformarse a lo digital como los pokemón, los que deben transformarse y evolucionar son las personas que forman las empresas, comenzando por sus líderes, los cuales deben asumir que “el mundo que viven es casi como la proyección holográfica de The Matrix” y que deben ser conscientes del mundo que existe fuera y donde las claves del éxito y el fracaso son diferentes.

Desde mi óptica estas claves, desde un punto de vista estratégico, serían:

1. El cliente

En el mundo actual se dominan territorios, normalmente geográficos, en el mundo digital, se dominarán tribus (segmentos de cliente) globales en cualquier territorio y no por imposición o falta de competencia sino porque esas tribus tendrán un engagement con la propuesta de valor de la marca.

Ahora el cliente interactúa con departamentos o viceversa de la empresa, en el nuevo mundo, la marca y el cliente, mantendrán una relación y conversarán transcendiendo los áreas, los canales o el tiempo, para lo cual las marcas deben tomar consciencia de si mismas, comportarse de forma coherente y holística de cara al cliente.

Las empresas no tendrán clientes, son los clientes los que tendrán proveedores. Clic para tuitear

2. La tecnología

Dominar la tecnología en el mundo digital no es condición de éxito, en si misma, pero no dominarla va a ser claramente motivo de fracaso. ¿Por qué? El cliente se ha digitalizado, ya se relaciona con sus iguales de forma digital y lo va a imponer a sus proveedores.

La adopción adecuada de tecnología en las empresas las permite evolucionar y adaptarse más rápido, las permite operar de forma mucho más eficiente, dar más servicios en cualquier momento y lugar; y conocer de sus clientes mucho más de lo que nunca hicieron.

La tecnología, como la fuerza en Star Wars, tiene dos lados, el que nos permite conseguir lo que hemos indicado antes, pero también tiene el lado tenebroso, a veces dominado por los Sith, oculto, complejo y que impide a las organizaciones avanzar en la línea adecuada. Por tanto, debes buscar caballeros Jedi que os ayuden a triunfar y tener mucho cuidado para que no les atrape el lado oscuro.

Dominar la tecnología tú debes, si éxito tener quieres. Clic para tuitear

3. Sentido de pertenencia

En el nuevo mundo digital los sistemas informáticos y la inteligencia artificial cubrirán muchos de los trabajos más rutinarios, pero las diferencias las seguirán marcando las personas y sobre todo su talento.

El problema es que los cerebros de obra a diferencia de la mano de obra no se compra con dinero, o dicho de otra forma, el talento necesita algo más que dinero para ponerse a disposición de la empresa.

El talento necesita un porqué, un motivo, una causa, formar parte de un propósito compartido y por tanto las empresas deben encontrar como crear esa comunidad entre sus trabajadores para que la magia de la motivación encienda este motor.

Sin sentido de pertenencia, los cerebros de obra no funcionan.

4. Creatividad analítica

En el nuevo mundo, todo se mide, todo se analiza, habrá más y mejores datos de los clientes, de tendencias de mercado, de evolución económica, del rendimiento interno, de absolutamente todo y de todos los dispositivos.

Los roles (fundamentalmente mentes matemáticas) encargados de análisis de datos y de predicciones serán fundamentales en las nuevas empresas, donde toda decisión se tomará en base a datos, muchos datos y no en base al olfato.

Pero a veces, las empresas deben comenzar desde un folio en blanco y deben crear, y ahí se necesita la chispa, la magia, la creatividad de aquellos que ven oportunidades donde otros ven problemas, y que son capaces de ilusionar y convencer a otros que tras el desierto está el paraíso aunque no lo veas. (Algunos a estos tipos los llaman líderes y otros los llaman “zumbaos”).

Hacer trabajar a estos dos roles como un equipo será una clave fundamental del éxito, ya que para adelantarse a la competencia y sorprender al cliente, hay que proponer lo que nadie le propondría en su sano juicio esperando que cuando lo vean sean los clientes los que pierdan el juicio por tenerlo.

La innovación es como una emulsión, se necesita ligar en una sola salsa imaginación y gestión sin que se corte Clic para tuitear

Como Thomas A. Anderson casi todos nosotros vivimos en The Matrix, tenemos una aburrida rutina de la que comenzamos a ser conscientes y muchos vislumbramos que existe otro mundo paralelo al que deberíamos subirnos para vivir la realidad que verdaderamente viene.

Por tanto, comienza a prepararte, aunque tengas que hacer hacking nocturno, busca a Morfeo y cuando te encuentres con él, se valiente y tómate la pastilla roja. El camino no va a ser fácil, va a haber muchos riesgos, pero negar la mayor no quiere decir que la transformación no vaya a ocurrir.

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