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Afronautas e innovación: sobre como Zambia conquistó Marte en 1964

Últimamente la carrera espacial parece haya quedado relegada a una serie de noticias puntuales, principalmente sobre cómo ciertas naves no tripuladas van consiguiendo hitos como el no tan lejano aterrizaje sobre un cometa de la sonda Philae, o los logros de las empresas privadas empeñadas en hacernos turistas espaciales como Virgin Galactic o SpaceX y sus prototipos de aeronaves, que pretenden convertir lo que un día fue uno de los mayores símbolos de poder político en un juego lúdico.

Antes de todo esto, hubo un tiempo en que las dos superpotencias se jugaban su prestigio en dicha carrera espacial. Estados Unidos y la Unión Soviética tuvieron una dura competencia mutua durante 20 años para posicionarse ante el mundo como el gran dominador de los avances tecnológicos de nuestra era. Así, la Unión Soviética consiguió grandes hazañas como ser el primer estado en poner en órbita con éxito a un animal (la famosa Laika), a un hombre (Yuri Gagarin), a una mujer (Valentina Tereshkova), o incluso aterrizar una sonda por primera vez en otro planeta (la Venera 3 en Venus) y construir y enviar al espacio la primera estación espacial (la Salyut 1), pero seguramente en la retina de todos haya quedado uno de los mayores hitos de esta carrera espacial, protagonizada por el Apolo 11 estadounidense, que logró poner sobre la superficie de la Luna por primera vez una huella humana. “Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad” comentaba Armstrong mientras estampaba el contorno de su bota en el inmaculado sustrato lunar.

Pero, recientemente, he conocido que hubo alguien que quiso ir más allá. Mucho más allá. Un visionario, un hombre henchido de confianza por la reciente independencia de su patria, un soñador que no estaba dispuesto a pensar que la Zambia por la que había luchado no pudiese ser tan grande o más que las superpotencias mundiales. Entre sus planes, llegar con una tripulación a Marte antes que nadie. Se trata de Edward Makuka Nkoloso

Zambia, a la conquista de Marte

Si, la cosa suena a chiste. Y en su época se tomó a chiste. Pero Nkoloso no se dió por vencido y consiguió atraer hacia su proyecto a un físico e ingeniero ruso tan excéntrico como él y que se hacía llamar a sí mismo como el protagonista de la obra que inició el género de la ciencia ficción distópica, la novela rusa “Nosotros”. Dicho científico, todo según supuestos reportes de la KGB, utilizó como tapadera la disparatada historia de Nkoloso para utilizar recursos de Zambia y crear un proyecto que realmente llegase a la Luna. Más sorprendente aún, y de nuevo supuestamente, la verdadera historia revelada en los documentos desclasificados en Moscú, es que el cohete zambiano llegó a despegar y fue abatido a los diez minutos de vuelo en una operación conjunta del KGB y de la CIA. D-503 (el científico ruso) fue detenido por fuerzas especiales rusas y llevado al cosmódromo de Baikonur, donde fue puesto a disposición de Serguéi Pávlovich Koroliov, la persona a la que el líder soviético, Nikita Jrushchov, había hecho responsable máximo del diseño de naves del programa espacial ruso. Juntos idearon las naves Soyuz, al menos la primera… He resumido la historia a grandes rasgos, aquí puede encontrarse más información de este increíble proyecto de Zambia para conquistar Marte

Salvando la parte en donde entra en juego, supuestamente, la guerra fría, los servicios de inteligencia soviéticos y estadounidenses para llevar al traste el proyecto zambiano, podemos ver como un proyecto, una idea, por buena, ilusionante y rompedora que parezca, necesita de todo un esqueleto detrás que sustente su puesta en marcha. Es la historia misma de la innovación.

Innovar no es idear

La innovación no son ideas. Las ideas son ideas, solo eso. La innovación, si bien ha de tener una base creativa (la idea) ha de añadir, en mayor medida incluso, una parte pragmática, un proceso necesario para llevarlo desde idea hasta realidad, y que responda positivamente a una necesidad real del mercado. Las ideas son fundamentales, pero hemos visto en anteriores artículos que, sin otras claves del proceso de innovación, las cosas no suceden. No obstante ¿qué sería de la carrera espacial africana sin las locas ideas de Nkoloso? África tiene ya hoy varios satélites en órbita, incluso el mayor radio telescopio del mundo está siendo construído a día de hoy entre Sudáfrica, Botsuana, Ghana, Kenia, Madagascar, Mauricio, Mozambique, Namibia y Zambia. Quien sabe, quizá alguno de sus científicos involucrados soñó de pequeño con ser un afronauta.

Desde www.innovan.do queremos dedicar este artículo a todos esos ‘locos’ que siguiendo este espíritu soñador, se embarcan en una misión imposible atrapados por una idea, un sueño o una visión, y comienzan el camino de la innovación dentro de las grandes organizaciones bregando con los working dead, o que toman su propio camino para emprender en busca de su propio Marte.

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